Historia
10 Ago 2022

Camila Valencia encontró en el cuidado de niños y niñas de mujeres en proceso de reincorporación y de la comunidad una oportunidad para aportar a la paz en Popayán, Cauca. Como facilitadora del proyecto VIVAS, su trabajo es la base para fortalecer la autonomía de las mujeres y apoyar su tránsito a la vida civil de las excombatientes.

Bogotá, agosto de 2022. Para Camila Valencia vivir en el Cauca -uno de los departamentos más afectado por la violencia- ha sido el motor para vincularse a las iniciativas que promueven la paz y la reconciliación. Sin embargo, la firma del Acuerdo de Paz la hizo acercarse a estos temas desde una perspectiva diferente: las mujeres.

Su experiencia en pedagogía y en trabajos previos con niños y niñas, así como su licenciatura en español y literatura, la convirtieron en la candidata ideal para liderar los Espacios Integrales Comunitarios de Cuidado de hijos e hijas de mujeres en proceso de reincorporación y de la comunidad. Compañeras de su territorio vieron en ella un potencial para fortalecer estos espacios para la primera infancia, por lo que, sin dudarlo, la invitaron a ser facilitadora de cuidado del proyecto VIVAS: Visibles, Valientes, Autónomas y Seguras, implementado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), con apoyo financiero de la Embajada de Suecia en Colombia.

Este trabajo le ha permitido a Camila conocer las historias de las mujeres excombatientes, las razones por las que decidieron apostarle a la paz, y cómo ha sido el camino hasta ahora para muchas de ellas. “Las mujeres tenían muchas ganas de seguir con sus procesos políticos y organizativos, pero también llegaron otras prioridades: pagar un arriendo mensual, comprar mercado, el cuidado de sus hijos. Esas dificultades se prestaban para las violencias de género”, explica esta joven.

Por eso, ella está convencida que los espacios de cuidado han permitido transformar la realidad de muchas mujeres. Ahora las madres cuentan con más tiempo libre para participar de escenarios económicos, sociales y políticos, y realizar actividades diferentes a las labores de cuidado que tradicionalmente les han sido asignadas. Mientras tanto, los niños y niñas continúan su proceso de estimulación temprana y aprenden sobre roles de género y pautas de crianza positiva. 

Esta iniciativa, que se enmarca en la línea estratégica de cuidado del proyecto VIVAS, también ha sido una verdadera muestra de reincorporación y reconciliación. El espacio de cuidado ha permitido construir lazos de confianza y sororidad entre mujeres excombatientes y de la comunidad, así como fortalecer la reincorporación comunitaria como una condición necesaria para la construcción de paz.

“Creo que el avance está en que ellas digan que pueden dejar a sus hijos y sentirse seguras de que estarán bien. Esto también crea unos lazos en la comunidad y permite entender que los niños y las niñas sí pueden estar seguros sin que esté mamá”, afirma Camila.

Camila Valencia en el espacio de cuidado en Popayán, Cauca.

Para Camila, la noción integral del cuidado es la diferencia más transformadora del proyecto VIVAS en relación con otras iniciativas en las que ha trabajado. Ahora reconoce el cuidado no solo como una práctica hacia los demás, sino hacia uno mismo. “La mujer, bajo esa concepción de la sociedad de cuidadora eterna, que debe hacer de todo, no se toma el tiempo para reconocer ‘estoy cansada’ o ‘yo no puedo con todo’ (…) el autocuidado es eso, reconocer cómo estoy, que yo no tengo que hacerlo todo y que podemos distribuirnos las tareas”, afirma.

“(Con estos espacios) …las mujeres se sienten más valientes, han participado más, han adquirido mayores herramientas, y han entendido la importancia de construirse con otras mujeres. Ese ha sido el mayor aporte”, indica.

Los días de Camila transcurren entre su trabajo en el proyecto, sus estudios y sus prácticas de rap e improvisación. Gracias a VIVAS las mujeres han encontrado un espacio físico y simbólico para ellas. “Nos unimos las mujeres y ese es nuestro rumbo; por eso entre todas nos damos la mano, por eso aquí a nadie pisamos”, rapea en una de sus canciones. 

Ahora, el principal anhelo de esta joven es lograr que las mujeres en proceso de reincorporación y de la comunidad puedan empoderarse, continúen fortaleciendo sus procesos y no tengan temor de ser ellas mismas. “Poder tener la libertad y la autonomía de escoger. Escoger qué quieren ser, qué quieren hacer sin sentirse juzgada. Yo creo que, si uno puede escoger eso, va a abandonar el miedo”, concluye.

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